miércoles, 6 de abril de 2011

El Rojo sufrió un gol en contra, pegó un tiro en el palo y para clasificar debe meterle ocho a Peñarol. Uff...


No ligó. Así de simple. Buscó el triunfo todo el partido, tuvo juego, sobró actitud, hubo aliento de afuera, pero esta vez la suerte no ayudó a un Independiente que quedó colgando de un hilo de la Libertadores. Atribuirle un resultado a la fortuna puede ser facilista, pero la noche en que el equipo de Mohamed jugó su mejor partido del semestre, se quedó con las manos vacías por un gol de carambola, en contra, cuando Liga había pateado una sola vez al arco en 57 minutos.

Independiente mereció más. No este empate que equivale a una derrota y a una eliminación temprana de la Copa salvo que ocurra un milagro histórico en la última fecha. Si el problema era la actitud del equipo en los últimos partidos, lo de anoche es irreprochable. Esa imagen aguerrida que mostró el equipo en la obtención de la Sudamericana y en tramos de esta Copa (no así en el torneo local) estuvo presente en la presencia de Tuzzio o en los quites de Mareque. El fútbol que le faltaba a este Independiente apareció anoche de la mano de un encendido Patito Rodríguez, conductor y desequilibrante hasta su lesión. También de un Iván Pérez al que no le pesó la titularidad y mostró su toque prolijo desde la izquierda. Sumado al toco y voy de Núñez y al aporte del inteligentísimo Silvera, quizás el delantero que mejor se mueve de espaldas en el fútbol argentino. El Cuqui se perderá goles, sí, pero cuando la pelota pasa por sus pies, algo importante parece que va a suceder.

El gol llegó por un penal que fue aunque en la jugada previa debió sancionarse offside. Pero a esa altura, Independiente ya estaba haciendo méritos para ponerse en ventaja sin ayuda. Salvo en esos diez minutos iniciales en los que Liga toqueteó la pelota con su doble enganche (el Equi y Bolaños), la posesión del balón y el dominio territorial fue del equipo del Turco. No le sobraron jugadas de gol, es cierto, pero el 1-0 fue la síntesis perfecta de ese primer tiempo.

Un centro, porque ni siquiera fue un remate al arco, de Barcos provocó que Velázquez quisiera que se lo tragara el césped. Justo él, que unos minutos antes había tenido dos cabezazos que pasaron cerca del arco rival. Si bien al toque, Núñez sacudió desde lejos y obligó a que Domínguez se esforzara para sacarla al córner, Independiente sintió el golpe. Contó, en el final, con otro remate de Núñez que pegó en el palo y... se fue afuera. Tuvo todo para ganarlo y no pudo. Mala liga.

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